REFLEXIÓN 1

Existen grandes variaciones de arquitectura por toda España. Normalmente, en Valencia se está acostumbrando a ver en la ciudad edificios típicos del modernismo y en los pueblos ver casas prácticamente iguales, adaptadas al lugar donde se encuentran. Incluso es común y no sorprende ver barracas o casas de campo. Es por eso que cuando nos sacan de dicha monotonía es normal que nos genere un gran interés y sensaciones diferentes.

Tengo la oportunidad de poder convivir de manera continua con dos tipos de arquitectura: la típica valenciana y la típica de los Pirineos. Siempre que vengo a los Pirineos me encuentro en un momento de sintonía y tranquilidad y pensando he llegado a la conclusión de que todo tiene que ver con su arquitectura y la manera en la que respeta y se enlaza con su entorno.

Concretamente, me encuentro en Ribera de Cardós situado en el Vall de Cardós, Cataluña, un pueblo al que llevo viniendo desde hace 8 años. La arquitectura de estos pueblos se caracteriza por estar construidas por piedra sólida y madera cálida; generan una sensación de tranquilidad, ya que, se funde en el paisaje. Líneas sencillas, los tejados, todos de pizarra, consiguen transmitir como si el tiempo aquí pasase más lento y no importase.

Caminar por estos pueblos pequeños, con sus calles con casas todas de piedra, donde sus balcones están llenos de flores en primavera y verano y en invierno llenos de nieve, te provoca una sensación de estar dentro de un cuento donde cada casa tiene su propia historia.

La arquitectura del Pirineo no es solo útil; es una celebración de la simplicidad bien diseñada, un recuerdo de que lo hermoso no necesita ser complicado. En cada esquina, se halla la invitación a parar, respirar hondo y sentir que, por un momento, todo está en su sitio.